JOKER 2:
LA DECADENCIA
Las expectativas en torno a la segunda parte de Joker eran altísimas. La primera entrega nos había mostrado la evolución de Arthur Fleck hasta convertirse en el Joker, ese archienemigo cuyas motivaciones nacen de una existencia precaria. Sin embargo, en esta secuela, la historia no logra alcanzar el impacto esperado.
La introducción de Harley Quinn transforma la película en una especie de musical psicológico. Este enfoque resuena con los cómics, donde el caos alcanza niveles absurdos y teatrales. Pero a pesar de la intención de explorar la dualidad entre el Joker y Arthur Fleck, la película no logra capturar la intensidad de su predecesora.
Uno de los mayores problemas es que la historia carece de un punto culminante. En lugar de ver la locura desbordante, lo que obtenemos es una serie de escenas cargadas de agotamiento y desesperación por parte de Arthur. Su lucha interna parece agotarlo más que llevarlo al límite, reflejado en un desenlace donde incluso Harley lo abandona: ella no busca a Arthur, sino al Joker.
EL SURGIMIENTO DE DOS CARAS
Un gran acierto es mostrarnos a Harvey Dent como el fiscal que desea imponer justicia. Su transformación después de la explosión nos regala el nacimiento de otro villano emblemático, dándole un peso visual brutal a la película.
A nivel visual, la película es impecable; Ciudad Gótica en total decadencia refleja la descomposición del protagonista. Las escenas musicales funcionan en su mayoría, pero la trama se siente débil y, en varios momentos, tediosa.