Fuera de las letras y los versos callejeros, Los Letreadores de Arrabal —ese dúo de almas errantes formado por Jaxter Jazak, el Jack Black mexa Ulises Siddartha y compañía— se colaron entre el caos para presenciar algo que ya olía a despedida: The Adicts, la sonrisa del punk inglés, se bajaba por última vez de los escenarios, y México fue uno de los países elegidos para su gira de despedida.

Viernes 10 de octubre. Foro Velódromo. Ciudad de México latiendo como un amplificador al borde del colapso.

LA CEREMONIA DEL CAOS

A las 9:30 p.m., las luces bajaron y el infierno se encendió. El himno de intro —esa alusión a La Naranja Mecánica— sonó como un aviso: “esto no es un concierto, es una jodida ceremonia”. Y entonces, el grito colectivo. Los cuerpos saltando, el sudor cayendo como lluvia, y el slam girando como un planeta que solo entiende el idioma del punk.

Arrancaron con #LetsGo, y ya no hubo vuelta atrás. Por casi dos horas, el público fue una sola masa hirviente: brincando, gritando, perdiendo el aire y encontrando algo parecido a la libertad. Viva la Revolution, Johnny Was a Soldier, Numbers, Chinese Takeaway, Crazy, Who Split My Beer? —himnos escupidos entre risas, cerveza y porro.

"EL PAYASO DEL CAOS, CON ESA SONRISA PINTADA QUE PARECÍA DECIRNOS QUE TODO ESTÁ JODIDO, PERO AÚN PODEMOS REÍRNOS."

EL PAYASO DEL FIN DEL MUNDO

Y ahí estaba Monkey, con esa sonrisa pintada. Entre luces, confeti y guitarras que parecían cuchillas, el público mexicano devolvía amor con furia. Esa noche, cada garganta era una bandera.

Punk Crowd CDMX

YOU’LL NEVER WALK ALONE

Cuando el último acorde se disolvió, The Adicts dejaron un mensaje flotando entre las bocinas: “You’ll never walk alone.” Y no, no era solo una frase. Era una promesa tatuada en el aire, una despedida sin funeral. Porque el punk, aunque lo entierren mil veces, siempre resucita en un garage, en un bar mugroso, o en el corazón de algún morro con una guitarra prestada y demasiada rabia por dentro.

EL RUIDO COMO ESPERANZA

Y mientras la multitud salía tambaleándose, con los oídos zumbando y el alma encendida, aún latiendo cada una de las rolas que tocaron y esbozando una sonrisa pensando: “El arte no es ternura, es resistencia. El punk no muere: solo cambia de piel.”

Así que, si lees esto y tienes una banda, un poema o un grito guardado en la garganta…